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uchos de nosotros no podíamos creer lo que veíamos, al igual que millones | |
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alrededor del mundo, mirábamos aturdidos cómo ante nuestros ojos se desplomaba la
Torre Dos del World Trade Center. Eran las 9:50 de la mañana del 11 de septiembre del
2001, fecha que ninguno de nosotros jamás olvidará. La conmoción rápidamente dio lugar a
sentimientos de desesperación por aquellos que se hallaban atrapados dentro. Muchos
pensamos en nuestros familiares, nuestros amigos, colegas y conocidos que trabajaban
dentro del World Trade Center o por los alrededores. ¿Qué de ellos? ¿Pudieron salir a
tiempo? ¿Qué de las miles de personas inocentes que acababan de llegar a trabajar esa
mañana? Entonces, parecía como sólo momentos más tarde, a las 10:29 a.m., se vio como
la Torre Uno inesperadamente se convirtió en una columna de humo, cenizas y hollín.
Los hechos horrendos de ese día, y la virtual realización de las pérdidas humanas en los d’as subsiguientes, han dejado a muchos de nosotros llenos de incertidumbres con relación al futuro, con dolor a causa de la pérdida de familiares o amigos, con tristeza por la pérdida de tantos valientes bomberos, policías y trabajadores de salvamento, y a veces totalmente aturdidos, sin saber lo que realmente se debe sentir. A medidas que intentamos seguir adelante con nuestras vidas, nos hacemos cargo profundamente de que la ciudad y la nación necesitan ser sanadas. A través de los siglos, en momentos de tragedia y desesperación las personas han hallado solaz en la Palabra de Dios. La Biblia contiene porciones que en estos momentos son muy significativas y que pueden suministrar consuelo específico, al enfrentarnos con estos hechos actuales, y tratar con las emociones presentes. Cabe señalar, que en el Nuevo Testamento, Jesús, al dar un mensaje, hacía referencia a la caída de una torre que igualmente resultó en la trágica pérdida de vidas humanas (Lucas13:4). Este hecho ocurrió en un lugar llamado Siloé. En todo el Nuevo Testamento solo existe otra referencia relacionada con Siloé. En esta porción de la Escritura encontramos el relato de un hombre que era ciego de nacimiento, a quien Jesús sanó enviándole a que se lavara en el estanque de Siloé (Juan 9:7). Por lo tanto, podemos ver que Siloé es tanto un lugar de tragedia como de sanidad. En medio de la tragedia que enfrentamos hoy, acatar la Palabra de Dios puede proporcionarnos la verdadera sanidad. La Biblia nos dice que el Señor Jesœs murió en la cruz por nuestros pecados y al creer en El podemos ser sanados de nuestro pecado y de nuestras penas.
En la Biblia nosotros no encontramos ninguna promesa que nos diga que no vamos a pasar
por sufrimientos o que la tragedia no nos alcanzará, no obstante, sí encontramos la promesa
de que seremos consolados en los momentos de pruebas. "Atravesando el valle de lágrimas
lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques" (Salmo 84:6). Tal experiencia es
posible si alguien ha recibido al Señor Jesús como su Salvador y vida. Muchas lágrimas se
han derramado en estos días, pero cada "valle de lágrimas" puede ser cambiado en una
"fuente" de sanidad y en "estanques llenos". Te invitamos a que abras tu corazón y recibas a
Jesús como tu Señor y Salvador, y que permitas que El sea el estanque de Siloé donde tú
puedes ser sanado. Al entrar en tu corazón, El puede sanar la condición de tu ser interior, no
importa si está lleno de incertidumbre, ansiedad, amarguras o pena.
"Señor Jesús,
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